En el mundo subtropical y bolerístico de Los Amados, Daniela Horovitz se mueve como pez en al agua. Pero allí, en el proyecto teatral de Alejo Viola, es Rosa Bernal. En cambio, en las canciones de su primer disco no hay máscaras: asociada al guitarrista Alan Plachta como director musical, Daniela Horovitz no sólo se encargó de poner su voz, sino también de componer y producir buena parte del material. Por supuesto, Y de amor no supe nada conserva el tópico del amor, registrado a través de una trama donde caben desde pop a folklores latinoamericanos, jazz y música urbana del Río de la Plata.
Acompañada por titanes como Paula Shocron (piano), Juanpi di Leone (flautas) y el propio Plachta (guitarra, arreglos y dirección musical), este jueves 9 de febrero lo presenta en Notorius. “También estarán de invitados Romina Aisen (voz) y Matías Mormandi (piano) -anticipa Daniela-. La idea del concierto es reducir la orquestación del disco (que tiene muchos instrumentos, vientos, cuerdas, batería, percusión), extrayendo lo esencial de las canciones y recreándolas desde un lugar más íntimo y más propio”.
-Si bien te hiciste conocida como cantante, el repertorio del disco es en buena parte de tu autoría. ¿Te tomó trabajo decidirte a mostrar estas canciones?
-Sí, claro, creerse que uno puede inventar una letra, una melodía, mostrarla, asumirla como canción, luego tener el tupé de grabarla ¡y mostrarla en vivo! es toda una osadía. Pero surgió como una necesidad (más que un deseo, como decía Gustavo Cerati), y te lo pide el cuerpo: no podes seguir haciendo canciones de otros hasta que salgan estas tuyas, que te empujan desde adentro.

-¿Cuál dirías que es el eje del disco?
-El eje, desde las letras, inevitablemente es el amor. La necesidad de encontrarse, de amar y ser amado; la bronca, la desilusión, pero también el deseo, las ganas, la fuerza vital y el humor en pequeñas dosis. A la vez yo quería hacer un disco de música, que quedase sonando la música en la cabeza, no que fuese un disco de una cantautora, donde prevalece la palabra cantada. Creo que lo logramos. Cada tema es diferente, porque está concebido como una pequeña pieza, sin dejar de tener una coherencia como álbum.
-Bueno, es un disco de canciones pero tocado por músicos de provienen del jazz y los folklores. ¿Qué genera esa tensión en el disco?
-En realidad creo que son canciones creadas, y tocadas por músicos formados en música popular, influenciados por todas las músicas populares del mundo a las que tenemos hoy en día acceso (jazz, folklores del mundo, tango, música brasileña) y que a su vez también poseen herramientas de la formación académica. Por lo cual no creo que exista tal tensión, si no más bien una confluencia de todos estos elementos, que conviven alegremente y generan estas nuevas canciones. Somos la suma de todas nuestras influencias y circunstancias.
-¿La obra de que artistas funciona como referencia para tu trabajo?
-Creo que Chico Buarque es mi ejemplo de letrista y músico por excelencia. Lejos de mí compararme con él, pero creo que es mi ideal de compositor. Liliana Felipe también me parece genial, como compositora e intérprete; Elis Regina, como cantante e intérprete es insuperable; el Cuchi Leguizamón y Manuel J. Castilla, música, letra; Leo Masliah y tantos otros.
-¿Qué aporta tu trabajo con Los Amados a tu proyecto personal?
-Mucho. Los Amados es un gran aprendizaje cada día. Desde lo escénico siento que me otorgó una mayor seguridad para plantarme en el escenario. La mirada y la dirección de Alejo Viola son súper enriquecedoras, y la cantidad de funciones que hicimos, los montones de teatros que recorrimos por todo el país, te dan una experiencia única.
- "Cuando la luna es de melón" de Daniela Horovitz.


