Un brindis por Chavela Vargas

0

Después de presentar su disco dedicado a García Lorca, la reina de la canción mexicana murió a los 93 años. El último trago de la cantora visceral y desafiante que llegó de Costa Rica para poner patas para arriba la historia de la ranchera y dar la vuelta al mundo.

Varias generaciones alrededor del planeta todavía no estaban seguros: ¿sobre quien cantaba Joaquín Sabina en “Por el boulevard de los sueños rotos”? ¿Quién era esa “dama de poncho rojo, pelo de plata y carne morena”? Los hermanos mexicanos lo sabían perfectamente: Chavela Vargas. La cantora que había llegado desde Costa Rica para poner patas para arriba la historia de la canción mexicana.

Hija de Herminia Lozano y Francisco Vargas, Isabel Vargas Lizano llegó de la isla cuando era sólo una adolescente pobre y rechazada por su familia. Desde entonces ejerció los oficios que aparecieron, ya fueran criada, vendedora de ropa o la cantora con actitud desafiante que provocaba en las calles: vestida de rojo, abiertamente gay y buscando la noche en el fondo de una botella de tequila. Luego, una vez que trabó relación con José Alfredo Jimenez y su obra, la muchacha encontró la horma de su zapato. Las canciones que necesitaba su voz: había nacido Chavela Vargas.

A partir de su primer disco (Noche Bohemia) y las presentaciones en el circuito de bares como El Otro Refugio, El Blanquita o La Taberna de El Greco, Chavela Vargas comenzó a alimentar su reputación de cantora visceral. Sobre todo, desde que incorporó a su repertorio canciones como “La llorona” o “Macorina” y las convirtió en verdaderos standards de la cultura mexicana. Esa reputación la acercó al círculo de los grandes artistas aztecas, como Agustín Lara, la poeta Pita Amor, Juan Rulfo, Diego Rivera y Frida Khalo, de quien estuvo secretamente enamorada.

Como todo artista fundamental, su vanguardia modificó el status quo (por ejemplo: la ranchera, históricamente masculina, se abrió al territorio femenino) y se convirtió en un clásico. Recibió premios como la Gran Cruz de Isabel la Católica en España, cantó por el mundo y fue ovacionada hasta en el Olympia de París. Tuvo sus merecidos homenajes en vida, aparecieron sus herederas (Buika, Lila Downs) y hasta aquella canción de Sabina que la inmortalizó en el boulevard de los sueños rotos: “Se escapó de una cárcel de amor / de un delirio de alcohol, / de mil noches en vela. / Se dejó el corazón en Madrid / ¡quien supiera reír / como llora Chavela!”.

La escena de Frida donde interpreta "La llorona".
 


Comentarios

InfoNews no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite. InfoNews.com se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la Republica Argentina.

seguinos en

© 2011 OIR MORTALES. Todos los derechos reservados.