Desde la aparición de Maldita huella, su disco a dúo junto al guitarrista Carlos Moscardini, la voz de Luciana Jury comenzó a imponerse silenciosamente. Un registro voluptuoso de impronta campera y sutiles inflexiones árabes, capaz de abordar un repertorio donde caben desde Spinetta y Canaro hasta Yupanqui y las canciones propias. Pero donde brillan, sobre todo, las piezas anónimas amasadas por el pueblo y su tiempo.

La cualidad casi mística de sus conciertos corrió de boca en boca y La Jury pronto se vio involucrada en Cuchichiando, el disco que Quique Sinesi le dedicó al repertorio del Cuchi Leguizamón. Finalmente, el año pasado editó su primer paso solista: Canciones brotadas de mi raíz. Un debut notable, aquilatado con paciencia soberana, donde pone su oficio de cantora y guitarrera para recorrer el mapa de Cuyo, Chile, Bolivia, la canción suburbana y hasta el Noroeste.

Por supuesto, ese apellido tenía su propio perfume. Luciana es la hija de Jorge Zuhair Jury y la sobrina de Leonardo Favio. El tandem cinéfilo y literario detrás de películas como Crónica de un niño solo, El romance del Aniceto y la Francisca, El dependiente y hasta Nazareno Cruz y el lobo. Es decir, arte imperecedero tramado con las voces anónimas de la Argentina profunda.

-Alguna vez dijiste que este repertorio lo venís amasando desde hace mucho tiempo con tu viejo. ¿Dónde aparecen los influjos familiares más notables?
-La concepción artística (por decirlo de algún modo) en gran parte fue trasmitida por mi padre. Él me enseñó y me sigue mostrando un camino de abordaje que yo tomo por elección propia. Luego si las antenas de la sensibilidad y la advertencia están paradas todo lo que particularmente vivas; desde lo más significativo hasta lo más trivial dan una forma específica que es intransferible, que es propia y que uno debe desplegar casi como por pulsión de vida convirtiendo en una sonoridad, en un trazo, en un película o en una canción, todo lo vivido.

-Ya pasó un tiempo desde la edición de Canciones brotadas de mi raíz. Con esta perspectiva, ¿cómo lo ves?
-A mí me gusta mucho el disco que logré. Si bien tardé un tiempo importante en parirlo, las repercusiones del disco fueron muy buenas, y me alegran y las agradezco. Son como señales de que la búsqueda es bien recibida pero trato de no quedarme sólo con esto porque temo que empañe algo de mi subjetividad para lo que pueda seguir produciendo. Ahora estoy muy a gusto trabajando en mi próximo disco.

-¿Cómo es el mapa de la canción que intentaste trazar?
-Mi intención es más que nada trabajar sobre canciones anónimas, canciones añejas, olvidadas. Me resulta muy estimulante desentrañar lo más posible el mensaje de cada una de esas canciones que además tienen formas musicales antiguas y tan poco habituales que me resultan exóticas a la hora de tocarlas. Porque me interesa lo que deja plasmado ya no solo un autor o un compositor, sino todo un pueblo a través del tiempo. Las circunstancias de amor y desamor, de pena y dicha de todo un pueblo tienen la luz única que alumbran mi canto.

-El abanico de composiciones elegidas va desde Cuyo hasta el conurbano, pasando la pampa, el noroeste, etc. ¿Dónde se ubica tu voz para abordar todo ese repertorio?
-El punto de partida de la voz es el corazón que "manda". Por eso reconozco que a veces prefiero "decir" mas que cantar. Me interesa que quede claro de qué habla la canción pero siempre a través de mi mirada. De ahí en más pienso que no importan los territorios de donde provenga la canción. Siempre y cuando ella hable de algo verdadero para mí es perfectamente abordable.

-¿Cuál es tu plan para el concierto de Vinilo?
-Será una presentación íntima acompañada por algunos amigos. Carlos Delgado en guitarra y como invitado especial estará Carlos Moscardini. Con él haremos las canciones del disco que hicimos juntos, Maldita huella. Para mí cada fecha es una celebración de amor; intento dar amor con lo que hago y el público, con un silencio infinito me abraza y me contiene como si fueran todos un gran padre amparador.