La música de Juana Fe es la banda sonora perfecta para las revueltas sociales de Chile: una cumbia descalabrante propulsada con combustible rocker, cocinada en las barriadas de la zona norte de Santiago y en la misma sintonía continental que Bomba Estéreo, Calle 13 y sus compatriotas de Chico Trujillo. Es decir, unos herederos naturales del compromiso político-social de Víctor Jara atravesados por la sacudida mestiza de Mano Negra: reivindicando desde la cultura mapuche hasta la lucha estudiantil, pasando por Patagonia sin Represas, el cannabis, los anarquistas y cantores populares.

El proyecto arrancó en 2003, cuando el cantante Juanito Ayala y sus compadres instalaron su base de operaciones en el Barrio Brasil, un vecindario periférico de la capital chilena. A partir de allí, a medida que interactuaban con las agrupaciones sociales que trabajaban por la zona, comenzó a drenar naturalmente la música de los desclasados: cumbia, rumba, salsa, punk. Ese caldo de cultivo permitió Con los pies en el barrio (2004), el disco que los sacó a recorrer el circuito nucleado alrededor del Galpón Víctor Jara. Montado sobre el corte “Callejero”, Afrorumba chilenera (2007) les otorgó caladura popular y permitió una serie de giras por Europa. La edición argentina de su siguiente disco (La Makinita) los trajo este año por primera vez a nuestro país: primero para tocar en el FIFBA platense y luego para compartir una gira con Onda Vaga. Ahora, para cerrar el año, tienen una gira que los llevará por Córdoba (7/12), Rosario (08/12), La Plata (10/12) y el viernes en Buenos Aires: en el marco del Festival Versátil organizado por Sonoamérica. Para bailar con el puño en alto y los pies entre el cielo y la tierra.

-¿Cómo fue tomando forma la dirección musical de Juana Fe?
JA: Diría que siempre a dirección se ha ido armando desde el trabajo en terreno. Sobre todo desde que hemos comenzado a viajar: primero recorriendo el norte y el sur de Chile, luego Europa y ahora Argentina. Todo lo que se cruza en nuestro camino queda atrapado en nuestras orejas. Claro que también hemos buscado que la música y los textos que salen de Juana Fe sean desde una perspectiva bien sudaka: de cómo hacemos música acá, con la cordillera y los tambores como principal influencia. Siempre buscando un sonido original en la continua mezcla que vamos creando.

-Trabajan con géneros desplazados como la cumbia. ¿Qué los seduce de esas rítmicas?
JA: Es la música que nos gusta y la que nos junta: nunca ha sido la marginalidad una condición para elegir los estilos. Creo que es un poco reconocerlo y trabajarlos principalmente desde el disfrute y el goce. Somos un grupo humano que disfruta mucho haciendo música, y toda la música -cuando le encuentras la maña- se hace entretenido armar y desarmar para luego volver a armar. Por ahí también hay mucho de juego y desprejuicio. En nuestra sala de ensayo no hay música marginal: todo entra al juego si le sirve a nuestros propósitos creativos.

-La obra del grupo está muy conectada con la función social de la música. ¿Cómo influye eso sobre la música y la forma de trabajo del grupo?
JA: Para nosotros es fundamental que en nuestros recitales puedan disfrutar tanto los abuelos como los niños, pues desde siempre hemos trabajado el concepto de música para el barrio. Y en el camino nos dimos cuenta que en el barrio bailan y alborotan gente de todas las edades. Ees importante reconocerse como parte de una comunidad y ser parte de los cambios y las luchas que esta comunidad brinda para mejorar sus condiciones de vida. Nuestra música es vitamina y energía para esas luchas y esperanzas: sacude el cuerpo, las neuronas y, sobre todo, la memoria. Para que no se nos pierdan los detalles importantes de la historia que no hace ser lo que somos

-Chile está atravesando un momento socio-político convulsivo. ¿Cómo lo viven ustedes como banda y qué recepción tienen de esa mirada entre el público?
JA: Bueno, nosotros llevamos cantando ocho años esperando este momento, así que ¡¡estamos felices!! Ha sido un verdadero placer ver a tanto pueblo en las calles organizándose sin miedo, enfrentándose a la represión, creando , gritando, proponiendo… Somos parte de esa energía también: hemos colaborado con nuestro oficio de musiqueros por cuanto acto y toma y paro hemos podido. Es un momento importante el que vive Chile, un momento de encuentro donde diversos actores sociales nos vemos las caras y nos reconocemos en las diferencias para hacernos más fuertes en nuestras demandas en común. Era un momento que se esperaba y necesitábamos. Nadie sabía que iba a ocurrir este año, pero la historia es así: llega cuando llega nomas, y cuando aparece hay que agarrarla para construir algo bello y solido que pueda permanecer. En eso estamos en Chile hoy, trabajando, trabajando: los estudiantes desde la escuela y la U; nosotros desde la melodía, la canción y la palabra.