La excusa era disparar y disparar con la Pentax SP1000 a rosca. Pesadísima. Con los años ese peso le pasó factura a su espalda. Sin embargo las ganas podían más. Y eso, sumado a su creciente pasión por la música, confluyeron en una mistura que quedó plasmada en un registro fotográfico de valor incalculable. Claudina Pugliese, fotógrafa desde los 17 años, vecina de Parque Chas, capturó imágenes irrepetibles e invaluables a principios de los años 80, en el albor de la explosión del nuevo rock nacional surgido post dictadura militar.

"Soy fotógrafa desde los 17 años y he sido laboratorista. En el 82, en plena dictadura y guerra, me uní a un grupo punk, a través de un avisito que puse en la revista Expreso Imaginario. Allí me conecté con gente que tenía interés en el tema o tenía grupos de música ya formados", cuenta Claudina en una charla con Revista Cítrica.

"Ibas a Cabildo y Lacroze, y ahí tenían un libro de visitas. Se podía poner un aviso, y yo puse: "me quiero conectar con gente que le interese el Punk Rock". "Después sonaba el teléfono a las tres de la madrugada en casa, y mi madre me quería matar", contó.

¿Cómo recordás aquellos años?

Íbamos en bloque, a ver a Sumo, Virus, Los Violadores, Los Twist. Como dice Andrea Prodan, "hippies enojados". Íbamos mucho a ver al "primer Sumo". Éramos muy pibes, casi ni sabíamos lo que ocurría pero intuíamos qué iba a pasar con ese grupo. Era una aplanadora de energía y algo mágico, inexplicable, libre, suelto, bien cantado. Cosas no muy frecuentemente encontradas en nuestro rock nacional, salvo excepciones.

¿Cómo vivías tu adolescencia en ese momento?

Todos veníamos de familias desmembradas y nos sentíamos identificados con el punk por los libros que leíamos entre todos. Era casi como un partido político, nos juntábamos a leer, a escuchar música. Era una militancia en un punto, aunque nos llamábamos a nosotros "anarquistas". Muchos estudiaban en serio, otros se autodestruyeron. Yo me guardé. Huimos bastante. Varios otros murieron.

¿Cómo percibías musicalmente ese momento de Luca y de Sumo?

Con mucha experimentación, Luca con su batería electrónica y su reverb, jugaba con su voz. Germán (Daffunchio, Las Pelotas) y sus climas. Era de locos. En esa época, sobre todo antes de Peti (Roberto Pettinato), eran un cuarteto. Hay fotos de La Cofradía, que fue la primera fecha de (Alejandro) Sokol en batería. A Stephi Nuttal, la baterista inglesa no la llegué a conocer, se había ido por la guerra de Malvinas, creo. Pettinato agregó sus saxos delirantes que se enredó aún más a la parte experimental de Sumo. Imaginate lo que era eso. Acá estábamos más acostumbrados a una onda más acústica, más folklórica si se quiere, del rock de aquella época.

¿Y después de los shows qué ocurría?

Anécdotas puntuales, barcitos punks, recitales que terminaban a los sillazos, caídas en cana y suspensiones de fechas en el Bar Einstein. Eso era moneda corriente. De todas formas me sentía un poco fuera de la movida, no bebía, y me refugiaba un poco detrás de la cámara. O iba y me volvía temprano. Había mucho miedo en aquella época.

¿Qué recordás de los momentos fotográficos en sí?

Creo que hice fotos tres veces. Tenía 20 años. Laburaba de fotógrafa. Ahora me parece increíble. Hice fotos de Los Violadores y otros grupos. Del resto, no tengo los negativos, porque enseguida entré en Editorial Abril y ellos se quedaban con ese material. ¿Qué habrá sido de todo eso? ¡Había cada foto!

¿Cómo era Luca?

Luca era un tipo especial, sencillo, abierto y loco. Luego de tocar siempre bajaba del escenario, se sentaba a hablar con todo el mundo en una mesa, con una cerveza o lo que sea, y te hacía reír con sus historias europeas. ¡Para nosotros sonaban tan lejanas! Son las mismas que cuenta su hermano Andrea, y te diría casi con la misma magia. Pero Luca, es Luca. Daba todo, era de una generosidad increíble sobre el escenario. Creo que terminó como tenía que terminar, para los que dan casi su vida en el arte. Era impresionante. Diego Arnedo (Divididos) te diría que es el que más conserva ese espíritu. Por él es que yo me hice bajista. Y toqué y sigo tocando, desde el 84, con medio mundo. Me dediqué a hacer tango, folklore, jazz.

¿Por qué decidiste esta suerte de ciber-soltura de imágenes?

Se me dio este año por liberarlas, como se dice. No cobrar más por ellas y difundirlas porque sino te quedan como mochila. Tienen muchos años, y ya no son mas mías, quiero que sean de la gente. Agradezco enormemente a Plataforma Lavardén en Rosario, Gisela Ardit y los organizadores. Y a Andrea Prodan, con quien además estuvimos en la inauguración de la muestra "Luca a Puertas Abiertas" en Rosario la semana pasada. Él también grabó en el disco del "Ensamble Confusión del Mundo", grupo al que pertenezco y con quien hicimos una versión de Silver Mule, que también tendrá su video. Tanto es el respeto y el agradecimiento a los Prodan que me nació esto de regalarle a Andrea el material digitalizado.