Diez años habían pasado de aquel lluvioso 23 de febrero de 2006. Ese día los Stones habían dado su último show en Argentina, en River. Luego de dos, tres, cuatro años de amagues, otro febrero y otro día con lluvia, pero de 2016, volvieron a subirse a un escenario en nuestro país. Esta vez, a diferencia de las anteriores tres veces que tocaron aquí, lo hicieron en el estadio de La Plata. 
 
La hora indicada fue 21.15. La lluvia paró. Se apagaron las luces. En tres pantallas enormes que forman parte de un escenario gigantesco con la mejor parafernalia stone, se emitió un corto video que repasó décadas de la banda entre discos y fetiches de la historia de ellos hasta que un riff de guitarra hizo estallar el estadio. Fue el comienzo de "Start me up" de las manos de Keith Richards, una explosión y apareció el mejor frontman que ha dado el rock and roll: Mick Jagger, a los saltos, corriendo, como si el tiempo no hubiera pasado para su vida, con sus 72 años encima, flaco, físicamente impecable y otra vez el ida y vuelta y la picardía y complicidad que comparte con el público argentino, que llenó el estadio con más de 50.000 almas.
 
 
Con un Ron Wood bastante más apagado que lo habitual y la seriedad y prolijidad del relojito inglés Charlie Watts, los Stones continuaron con un repertorio de clásicos como "It's Only Rock and roll" y "Tumbling dice" y sorprendieron con dos temas del anteúltimo disco de estudio que editaron allá por 1997, Bridges to Babylon: "Out of control", que la venían tocando en vivo en la gira por sus 50 años que comenzó en Londres en 2012 y continúa ahora por Sudamérica, y la radial "Anybody seen my baby?", el punto más bajo del show, con errores en toda la banda. 
 
El momento más emotivo de la noche llegó con la canción que va directo al pecho: "Wild horses". Allí, una manada de luces de celulares se encendió entre el público para apoyar una versión inmejorable y con la voz de Jagger suave y melosa para interpretar el tema que dejó varias lágrimas repicando en el piso.
 
 
La banda que nació en 1962 tuvo muchas altas y bajas en estos 54 años de vida. Para esta gira latinoamericana hubo dos muy sensibles. Una fue la del texano saxofonista Bobby Keys, quien falleció en 2014. Acompañaba a la banda desde 1971. Y otra fue la de la corista Lisa Fischer, quien integra la banda desde 1989 y no participó de este tour porque se quedó a girar con su banda en Estados Unidos. También pudo haber venido el histórico guitarrista Mick Taylor (estuvo en los Stones de 1969 a 1974), quien fue parte de esta gira pero el año pasado la banda decidió prescindir de sus servicios.  
 
Los reemplazos elegidos fueron Sasha Allen, la corista que brilló con su voz en "Gimme shelter" en un dueto sensual con Jagger. Y al saxo lo suplantaron con Tim Ries y Karl Denson, quienes se repartieron los solos de Keys. 
 
 
Los clásicos siguieron con "Paint it black", uno de los temas más coreados por el público, y con "Honky Tonk Woman". Tras este tema, el líder presentó a todos los músicos de la banda. El más ovacionado, "Olé, olé, olé, olé, Richaaaaards, Richaaaaards". Si hubiera un ranking, el puesto 2 fue para Wood y el 3 para Charlie Watts. Este momento dio lugar al break de Jagger y a las dos canciones que siempre canta Richards. "Can't be seen" y "Happy", las dos elegidas por Keef, que sacó a relucir su voz tomwaitsdylaniana pese a que a la banda se la notó un tanto apagada.
 
Jagger volvió al escenario para "Midnight rambler", ese tema que va del shuffle al blues y termina en un rock and roll frenético. "No se puede creer, estos tipos logran que esté todo un estadio escuchando y moviéndose al ritmo de un blues", comentó un fanático. Mientras Jagger con cortes y cambios de ritmo hacía enloquecer con su carisma al público argentino, esa audiencia que, al ver shows en otros lugares del mundo de esta misma banda y repasando videos en Youtube queda claro y se confirma, no hay con estas características en otros puntos del globo.   
 
 
Como en 1995, 1998 y 2006 en River, otra vez con "Miss you" se generó el boliche más grande del país. Con las cuatro cuerdas de Darryl Jones, el bajista que reemplazó en 1994 al histórico Bill Wyman y ya lleva 22 años junto a los Stones, y un juego de luces violetas, se bailó el pop como en los 80', para jóvenes y mayores que supieron ser contemporáneos a este hit.
 
El final antes de los bises fue una trompada atrás de la otra: "Brown Sugar", "Sympathy for the devil" (Mick con un tapado negro y en pantallas una puesta demoníaca) y "Jumpin' Jack Flash" fue la primera despedida.
 
Con un coro formado por voces argentinas, el final fue a todo lujo: "You can't always get what you want" le puso el color emotivo a la última parte del show y preparó la sala para terminar la noche bien arriba. 
 
 
 
El último tema, el viejo tema, el tema que marcó generaciones y cambió el rock y a los Stones para siempre. "(I can't get no) Satisfaction)". Tres notas. Si, Do sostenido y Re. Banderas argentinas con la lengua roja flameando, todos saltando, campo y plateas, Jagger corriendo, revoleando una camisa, Richards girando la cabeza tirada para atrás sacudiendo sus canas, Wood haciéndole el amor a una guitarra negra, Watts golpeando el redoblante con sus brazos curtidos, blancos y arrugados, todo es éxtasis y locura. Es el final. Aparecen los fuegos artificiales a media altura por el techo del estadio. Watts y Richards se quejan del humo, pero todo es alegría. De ellos y el público ardiente. Pidiendo que no se termine. Corean a viva voz el riff histórico de Satisfaction para que no se termine más. Saluda la banda completa. Se quedan en el escenario los cuatro integrantes más importante de la banda más grande que dio la historia del rock, la ovación es inmensa. Saludan ellos cuatro. Los Fab Four. It's all over now. Pero aún quedan dos capítulos más. El miércoles y el sábado próximos. Todos se preguntan si serán los últimos tres shows de los Stones en Argentina. Todo hace suponer que sí. Pero nadie lo sabe. Ni ellos mismos. Con los Stones, siempre puede haber otra oportunidad. Siempre se pide One more shot.