La voz de Neil Young suena joven, como de 30 años. Su cara en el arte de tapa de Hitchhiker –Autostopista-, el disco que lanzó el 8 de septiembre, también es de un treintañero pelilargo. Y es que esta última publicación es producto del rescate de las cintas de una sesión que el músico canadiense realizó en 1976 y nunca publicó.

En la última década, el artista mantiene una regularidad de entre uno y tres álbumes editados por año, con algunos hiatos dedicados a la escritura de libros, como El sueño de un hippie, sus memorias, donde no solo cuenta secretos de su vida, sino que también promociona sus tercos proyectos, casi truncos pero plagados de buenas intenciones. Entre ellos están su auto híbrido LincVolt, al que, gracias a los paparazzis que lo persiguen, cada tanto se lo ve empujando para hacerlo arrancar, aunque él asegura que ya superó los 88 mil kilómetros “y andando bien”, y su plataforma musical Pono, que todavía está en construcción y que tiene como objetivo publicar canciones en formato de alta calidad para hacerle frente a la “compresión” a la que son sometidas en otros servicios como Tidal y Spotify, los cuales, según él, le rebajan de tal manera la calidad al sonido que no se acercan ni por asomo a las grabaciones editadas por los artistas: “les quitan el aire a la música”, afirma el cantautor, que ya había tenido una cruzada contra la fidelidad de los CDs.

Sin embargo, Young tuvo que amoldarse a estos tiempos y su catálogo figura completo en Spotify, donde se puede acceder a Hitchhiker, el cual, comprimido o no, suena muy cercano, oxigenado, como si tuviéramos al mismísimo cantante susurrándonos al oído mientras se acompaña con su guitarra y su armónica.

Tapa de Hitchhiker
Tapa de Hitchhiker

Haciendo dedo

La ruta y los grandes autos de fabricación estadounidense estuvieron siempre en la mente de Young. De hecho, es recomendable la lectura de su libro Special deluxe, donde habla de su relación con los vehículos a lo largo de su vida. Y es ahí donde está parado este nuevo lanzamiento del artista. Lo podemos imaginar a la vera de una carretera, con su guitarra a cuestas. Esa es la atmósfera que parece querer mostrarnos con este disco “unplugged” que tardó más de 40 años en ser publicado.

La canción que le da nombre al álbum, la cual ya había sido reversionada con una impronta eléctrica y ecos en las voces en Le Noise de 2010, en esta oportunidad tiene un acompañamiento machacante de la guitarra acústica, el mismo que solía estampar en canciones de esa década, como la famosa “Old man” de Harvest de 1972. Y, aparentemente, la historia que lo llevó a componerla no es muy diferente a la que inspiró a ese hit. La letra lo encuentra desesperado y hundido en el mundo de las drogas, pero alguien llega a su rescate mientras hace dedo en la ruta. Esa persona es David Briggs (1944-1995), productor y su “alma gemela musical”, al que conoció cuando este lo levantó en su auto mientras hacía dedo en Topanga Canyon, California, en 1968.

Neil Young - Hitchhiker

En Hitchhiker hay muchos temas que sus seguidores ya han escuchado en otras versiones, especialmente quienes se han adentrado en su discografía y descubrieron grabaciones como el jamás publicado –pero filtrado- Chrome Dreams, también de 1976, el cual es, probablemente, el “alter ego” discográfico de Hitchhiker, ya que cuenta con canciones pertenecientes a la misma sesión de grabación.

Entre ellas, están “Pocahontas” -que abre el álbum- y “Powderfinger”, las cuales también utilizó en el álbum que le valió el título de padrino del grunge Rust Never Sleeps, de 1979. En esta ocasión, la primera es exactamente la misma toma que usó en Rust… solo que sin los procesamientos de voces, mientras que la segunda es una versión netamente acústica, más parecida a “Mr Tambourine Man”, de Bob Dylan y a “The sound of silence”, de Simon & Garfunkel, que a la eléctrica versión del mencionado disco del ’79. Lo mismo sucede con “Ride my llama”, que ocupa el sextro track de Hitchhiker.

Las inéditas

“Captain Kennedy”, el tercer tema del disco, también sonó alguna vez, en Hawks & Doves, de 1980. Pero la sorpresa llega en el cuarto track, “Hawaii”, un inédito que comienza con su risa cómplice, probablemente acicateada por el uso de la marihuana, vieja compañera del músico, que en el último tiempo abandonó, según cuenta, luego de haber tenido algunos olvidos en su vida cotidiana, por miedo a abrirle la puerta a la demencia senil, enfermedad que sufrió su padre.

Otro inédito, que cantó alguna vez en vivo en el ’76, es “Give me strength”, en el que le pide a alguien, no se sabe si a una persona, a Dios o al cosmos, que lo ayude a superar el abandono de a su amada.

“Campaigner” es otro de los tracks de 1976 “casi inéditos” de Young, que lo encuentra en un cruce de conceptos políticos, ya que muestra cierta condescendencia hacia Richard Nixon, al cual había destrozado en su antibelicista “Ohio”, que había grabado con Crosby, Stills y Nash, unos años antes. Lo que dice aquí es que “incluso Richard Nixon tiene alma”.

Yendo a las raíces

La música tradicional de los Estados Unidos es parte de la esencia de Young, a pesar de su origen canadiense, y se nota en “Human Highway”, que repiqueteaba en un estilo muy “country” en la grabación registrada en el disco Comes a time de 1978. En su “versión Hitchhiker”, en cambio, se parece más a un solista folk, como Dylan, pero afinado.

Lo mismo sucede con “Old country Waltz”, que cuando lo publicó en el álbum American Stars 'N Bars de 1977 no podía sonar más country, de sombrero de ala ancha y pistolas en el cinturón, pero que aquí, es un íntimo valsecito con piano, que bien podría ser cantado por un coro góspel y que le da un cierre perfecto al disco.

Vale la pena escuchar Hitchhiker, no solo porque nos reencontraremos con viejas canciones perdidas en su frondoso repertorio, sino porque, además, volveremos  a sentir a Neil Young muy cerca de nuestros oídos, como si nos estuviera cantando ahora mismo, gracias a su perfeccionismo a la hora de grabar.