Conciertos

Rascasuelos, la “banda” de tango que pisa fuerte en el exterior

El grupo se presentará el viernes 22 de septiembre en el CAFF y prepara una gira internacional para 2018. Su bandoneonista y compositor, Patricio Bonfiglio, habló con Oír Mortales.

Foto: Nora Lezano (FB de Rascasuelos)
Foto: Nora Lezano (FB de Rascasuelos)

El pulso del rock está presente en Rascasuelos. Por la fuerza con la que se expresa, se lo podría ubicar como un conjunto con la potencia del heavy metal –o heavy fuelle-, al servicio de la melodía urbana porteña. Su nombre lo indica: hacen música para levantar viruta del piso. Además, pretenden mantener al tango vivo, no es casual que uno de sus temas emblema sea "La próxima curda", como si "La última curda", de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo, compuesta hace más de 60 años, no haya sido la definitiva. 

Rascasuelos es una “no orquesta” de tango, ya que, como afirma Patricio “Tripa” Bonfiglio, su cerebro, bandoneonista y conductor, “una orquesta típica refiere, por lo general a una formación equilibrada en cuanto a la cantidad de bandoneones y cuerdas”, cosa que no sucede aquí, ya que el fuelle tiene una voz cantante en este septeto de talentosos músicos, además de la que le imprime con sus líricas el vocalista Héctor “Limón” García –ex Bersuit-.

El grupo, que se presentará el viernes en el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF), donde interpretarán piezas de sus primeros discos -Rascasuelos (2010) y Tangos Vivos (2016)- y de su tercer álbum, que pronto verá la luz, cuenta, además, con artistas de gran renombre, que tocan en diversas entidades musicales de prestigio, como la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón o el Sexteto Mayor. En sus líneas se encuentran Fulvio Giraudo en piano, Nicolás Tabbush y Julio Domínguez en violín, Mauro Sarachian en chelo y Cristian Basto en contrabajo.

“El CAFF tiene la calidad técnica de un teatro, pero, por otro lado, la informalidad de un bar, donde te sentás y podés tomar una cerveza, o ir al patio y charlar con la gente. Se arma una cosa social que está buenísima”, afirma Bonfiglio, anticipándose al próximo show en este lugar al que siempre vuelve y donde se formó profesionalmente, hace más de una década, cuando integraba la Orquesta Típica Fernández Fierro, una suerte de “Pesada del Tango”.

-Parecería que el tango se tomó su tiempo cuando los pibes empezaron a hacer rock hace 50 años, y ahora hay una especie de inversión en ese esquema.

-El tango de los ’40 y los ’50 era de ruptura como debe ser toda música popular. Para eso, tiene que estar en movimiento y tener una dinámica constante, porque, si no, se muere, se convierte en una pieza de museo, que fue lo que pasó cuando las nuevas generaciones, en determinado período, se volcaron al rock. El sonido de Julio de Caro, de Ovaldo Pugliese y de Aníbal Troilo, en su momento, fueron revolucionarios para con lo que había pasado antes en el tango. El sonido de Gardel también fue novedoso cuando empezó a grabar. Lo mismo está pasando con los músicos que tocan ahora: rompen con el pasado.

-¿Cómo describirías el sonido que ustedes impregnan en su música?

-Es una música de mucho carácter urbano. Con una raíz muy tanguera, nos dejamos atravesar por algunas músicas populares de otras partes del mundo, que es lo que pasó históricamente en el tango, que nació en los conventillos. En ninguna otra ciudad del mundo, poblada por inmigrantes, sucedió lo que pasó en Buenos Aires. En el conventillo había una habitación con una familia de Polonia, unos judíos donde uno tocaba el violín, en otro cuarto vivían unos italianos, donde uno tocaba el acordeón, y la música se dio ahí mismo. Entonces, en el tango, como lenguaje, se encuentran elementos compatibles con otros estilos. Ahora, está bueno abrir esas ventanas para que entre ese aire de otras partes para que le vengan a aportar al tango porteño.

-¿Como cuáles?

-Bueno. El rock mismo, que es una música popular que tiene mucha presencia en el mundo desde hace varias décadas. El flamenco también tiene desarrollo continuo, al igual que la música africana. De todas ellas hay elementos que pueden ser muy bien recibidos en el tango, sin necesidad de que sea fusión.

PH Marcela Rached (FB de Rascasuelos)
PH Marcela Rached (FB de Rascasuelos)

Tango de avanzada

Bonfiglio está a kilómetros de distancia de los cánones del estereotipado artista tanguero de bisoñé. Más bien, se acerca al estilo de un joven rockero, pero un poco -o bastante- más avanzado. En lugar de tener calaveras o chicas pin-up tatuadas en sus brazos, luce nada menos que fragmentos del Guernica de Picasso y la famosa luna con el cohete clavado en el ojo del cortometraje del pionero del cine Georges Méliès.

De adolescente, tocaba rock, pero hoy afirma que este estilo musical está muy estandarizado y que “básicamente, lo que más me espantó, o me ayudó a escaparme de él, es la falta de libertad para componer”.

-Su tango es diferente al de Gardel, por ejemplo, que podía ser campero, en su momento, o de “tango canción”. Ustedes tienen más asfalto.

-Es que la ciudad cambió. Buenos Aires no era la misma en la década del ’30 que ahora. Mismo el “ruidismo”, la música de la ciudad, ha cambiado.

-Además, hablando de lo urbano y “lo sucio”, Rascasuelos tiene una voz como la de “Limón” García, que no es la de un tanguero de voz engolada y diáfana.

-Es otro carácter de cantor. Cuando analicé la idea de cantante para este proyecto, pensé en él. Una voz acartonada, que responde a otra estética y otra época, no iba a funcionar. Pero, hay que pensar que, a lo largo de la historia, los intérpretes de tango, también cambiaron su estilo. Uno tiene la idea de una voz impostada, con mucho cañón, pero Roberto Goyeneche, en sus últimas épocas trabajaba desde otro parámetro. Entonces, ¿por qué no permitirnos tener un tipo como Limón? Él tiene mucho tango, viene de familia de tangueros. Su abuelo tenía a la orquesta de Pugliese ensayando en su casa porque, cuando el maestro caía en cana, él lo reemplazaba.

-Y, además, tiene gran bagaje dentro del rock.

-Claro. Estaba en Bersuit y, de hecho, lo conocí en 2007, en un show en el estadio de River. Él ya no formaba parte de la banda, pero lo invitaban a cantar, y yo fui como músico invitado. Cuando empecé el proyecto de Rascasuelos, hablé con Limón y, ahora, nos encanta lo que terminó sucediendo.

-¿Creés que hoy el rock está viviendo lo que le pasó al tango en los ’60 y ‘70?

-Sí. El mercado copó tanto al rock, y se empezaron a poner tantas condiciones, como una estipulada duración de una canción, determinadas características de su forma interna y la temática de las letras, apuntadas a las ventas, que el músico se siente muy limitado en ese contexto. El artista, para crear, necesita libertad. El rock está muy estandarizado. En contrapartida, el espacio de libertad creativa que uno encuentra en el tango es prácticamente absoluto, con todas las dificultades que implica no tener mercado ni medios a disposición. La contracara es que uno puede escribir, básicamente, lo que quiere y, así, se puede tomar el tiempo para experimentar y transitar por donde el arte mismo te va pidiendo.

Rascasuelos - La próxima curda

Artistas internacionales

Más allá de haber surgido del under musical argentino por obligación, Rascasuelos está siendo merecidamente reconocida a nivel mundial y ya tiene un trajín internacional muy importante después de haber tocado en el Carnegie Hall de Nueva York a principio de este año. Esto hizo que la agencia internacional Opus 3 Artists, que representa a artistas de la talla de Daniel Barenboim o Wynton Marsalis, pusiera el ojo en ellos para organizarles conciertos en salas de más de dos mil espectadores en Estados Unidos, Europa y Asia en 2018.  

“Está buenísimo que se haya llegado a esto, después de un recorrido de años de autogestión, porque, después de tocar en lugares de tanta importancia como el Carnegie Hall, llegás con otra hambre. Es como llegar al fútbol europeo habiendo salido de la villa, sentencia Bonfiglio.

-¿Cómo los encuentra este salto?

-Nos da otra garra. Con la banda arrancamos gradualmente nuestro compromiso. Al principio ensayábamos una o dos veces por semana y, a medida que la fuimos haciendo crecer, llegamos al punto de ensayar todos los días, siendo que está integrada por músicos profesionales que tienen diez mil cosas y cada uno tiene un montón de kioscos abiertos para vivir de esto. A pesar de eso, nos hacemos el tiempo para mantener algo de mucho nivel, tocando la música de memoria y dándole muchas vueltas a cada tema hasta que llegamos al resultado que queremos.

-¿Qué se siente ver que desde afuera los toman en cuenta como un conjunto que va en serio y a nivel local aun no son tan conocidos?

-Acá, como en cualquier país del tercer mundo, la gente tiene menos recursos económicos para ir a ver espectáculos. Eso es determinante. El público va a ver cosas en vivo si ya los conocen, o tienen algún disco, pero es difícil que vaya a ver un show con el mismo plan que vas a ver una película. Uno no se permite ir a un concierto sin tener idea de qué está yendo a ver y a dejarse sorprender por la música. Por otro lado, la falta de difusión en los medios masivos de las nuevas agrupaciones de tango, dificultan el acceso al público. Se tiene que construir muy lentamente, por medio de las redes sociales y, aun así, hay tanta oferta que también se hace difícil sin promociones y sponsors.

-Tal vez tengan más difusión ahora que son una promesa en el exterior.

-No es raro que algo, cuando empieza a funcionar afuera, empiece a andar también adentro. Le pasó incluso a Gardel, que cuando triunfó en París recién ahí le dieron bola en Argentina. A él y al tango, que era algo absolutamente marginal y que se le empezó a dar un poco de pelota acá una vez que fue reconocido por su nivel en Europa, cuando superó la cuestión de clase social. Es lo que llaman el efecto pizza en Italia. Era una comida del sur, de Nápoles, pero tuvo fama mundial cuando triunfó en Nueva York.  De alguna manera, nuestro paso por el Carnegie Hall generó interés en la prensa y en el público local, cuando antes nos costaba mucho tocar, y en salas de no más de 300 personas. Por eso, ahora no nos quedamos solo en Buenos Aires. Tocamos en Rosario y ya cerramos Córdoba.

-Y siempre está el CAFF, que lo construiste con tus propias manos.

-Siempre da gusto volver al CAFF. Yo fui miembro de la Fernández Fierro cuando lo armamos, hace muchos años, y he construido el escenario y las instalaciones eléctricas. Los chicos de la orquesta lo han mantenido muy bien y lo mejoraron. Hoy en día es uno de los mejores lugares para un grupo de nuestras características. Pocos espacios en el país tienen piano de cola y el sonido que hay en el CAFF.

Próxima fecha

Viernes 22 de septiembre a las 20.30 en el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro)

Sánchez de Bustamante 772 - Abasto, CABA

Reservas: hola@caff.com.ar

Entrada: $200.

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