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Réquiem para un hombre coherente

La noticia dice que murió Daniel Viglietti. Fue tras una cirugía en Montevideo, su  Ciudad natal. 

Hasta el viernes pasado fue canción viva de nuestra América. Hoy, ya forma parte de la leyenda. Repasamos su historia y algunos discos fundamentales.

Daniel Alberto Viglietti Indart nació el 24 de julio del 39, en Montevideo, Uruguay. Hijo de la pianista Lyda Indart y el guitarrista César Viglietti, Daniel se empapó de  Música a temprana edad. Nombres como Claude Debussy o Maurice Ravel convivían con los de Carlos Gardel o Adolfo Ábalos. 

Se especializó en guitarra clásica y aunque se dedicó al canto popular, su técnica pulida fue siempre un distintivo de su obra.
La carrera de Viglietti comenzó en 1957, aunque su primer disco, Canciones Folklóricas y 6 Impresiones para Canto y Guitarra, data de 1963.

Daniel Viglietti - 1963 - Canciones folklóricas y seis impresiones para canto y guitarra

En 1968, Viglietti grabó en La Habana Canciones para el hombre nuevo. Un disco, mayormente, compuesto por poemas de autores latinoamericanos como Nicolás Guillén o  César Vallejo y españoles como Federico García Lorca y Rafael Alberti, musicalizados por el trovador uruguayo. 

Daniel Viglietti - Me matan si no trabajo

"Canciones para el hombre nuevo" también incluye obras de Viglietti que se convirtieron  en himnos populares.
 

Daniel Viglietti - A desalambrar

 

Milonga de andar lejos - Daniel Viglietti

Estamos en 1971. "Canciones chuecas" abre con una de las piezas más estremecedoras y  hermosas del compositor oriental.

Canción del Hombre Nuevo - Daniel Viglietti

Sus canciones lo llevaron a la cárcel en 1972. Pero gracias a una campaña internacional  que contó con firmas como las de Julio Cortázar, Jean Paul Sartre y la increíble rúblrica de François Mitterrand, pudo salir. Claro que se tuvo que exiliar, primero en la Argentina  y después en Francia. 
 
No fue hasta 1984 que Viglietti volvió al disco, aunque de forma más espaciada. Dejó títulos inolvidables como  "Por ellos canto" y "esdrújulo", además de los trabajos a dúo con Mario Benedetti.

Daniel Viglietti - Gurisito

El trabajo de Viglietti no se quedó en la música. También hizo radio y TV. Desde su  programa radial "Tímpano" (que en Argentina se podía escuchar hasta este último domingo en Radio Nacional) trazó desde sus convicciones un mapa político y cultural de Latinoamérica en general y del Uruguay en particular.
 
Allí convivieron desde Atahualpa Yupanqui a Jorge Lazaroff, pasando por Tejada Gómez,  Fidel Castro, Violeta Parra o los desaparecidos de Ayotzinapa.
 
Una triste y fatal coincidencia quiso que el Uruguay perdiera en poco más de un mes a tres  íconos de su cultura. La muerte de Viglietti se sumó a la del profesor Washington Benavides (24 de septiembre) y a la del compositor y musicólogo Coriún Aharonián (8 de  Octubre). Daniel Viglietti los despidió dedicándoles dos de sus últimas audiciones radiales.
 
La réplica televisiva de "Tímpano" fue "Párpado", donde el juglar uruguayo conversaba con destacados músicos
Además, el compositor mantenía un archivo musical al que llamó "Memoria sonora de América Latina", donde se incluyen entre otras cosas, distintas entrevistas a músicos y escritores realizadas por el autor.
 
Murió Daniel Viglietti. Todavía cuesta escribirlo. Se fue un tipo que siempre estuvo del mismo lado. No desde la terquedad, sino desde la convicción. Su último concierto lo demuestra. Fue el viernes pasado, en un homenaje al Che Guevara. Con su guitarra y su cantar, luchó por una sociedad más justa, preocupándose  por no caer en una sobreactuación panfletaria. Lo logró, siendo auténtico. 
 
Viglietti, aquel que de botija coqueteó con ser abogado, siempre estaba poniendo el cuerpo a sus causas. Ya sea en teatros o en sindicatos. En fábricas recuperadas o Centros  Culturales. Cantándose a sí mismo o versionando a los más prestigiosos poetas de nuestra lengua, como Idea Vilariño o Líber Falco. En las  traducciones de Chico Buarque, o en los dúos con Mario Benedetti.
 
Su partida duele, dejando una sensación de vacío que se asemeja mucho al desamparo. Quedan sus canciones, que hijas del contexto servirán como documento de una época y, trasladadas al presente, oficiarán como voceras de una revolución permanente.
 
 

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