Conciertos

Las Pelotas y un encuentro ritual con las canciones

Ante cinco mil personas, la banda despidió Brindando por nada en el estadio Malvinas Argentinas. 

foto: Toilette
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“Ante tanta mierda resistir desde el corazón”, dice Germán Daffuncchio sobre el final de la despedida de Brindando por nada, el disco que salió en 2016 y que trazó otro camino feliz en la historia de la querida banda que ya lleva un largo camino en el movimiento del rock nacional.

Un poco más de dos horas no fueron suficientes para guardar en los oídos las canciones que en el repertorio abarcaron absolutamente toda la historia pelotera, pero sí bastan para sentirse feliz.

“Basta” fue el tema de apertura en el estadio Malvinas Argentinas después de una espera que por momentos se hizo larga. La canción abrió la puerta para cantar y bailar durante dos horas. Al extenso listado le siguió “20 minutos”, de Corderos en la noche, “Desaparecido” y “Que podés dar”.

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La potencia del arranque fue la característica deun show impecable que estuvo a la altura de una digna despedida para un gran disco. Recién promediando la mitad del recital (diez temas después) llegaron algunos temas de Brindando por nada: “Algún día” y “Víctimas del cielo” dieron paso luego para los tímidos bailes en las plateas contra los grandes saltos en el campo cuando comenzó a sonar “Que estés sonriendo” y “Transparente”.

Hay sonrisas arriba del escenario. Muchísimas. Debajo, un montón. Porque un recital de Las Pelotas, a esta altura, no es cualquier recital. Es un ritual musical donde los años se entrelazan, las décadas se acumulan y en un par de canciones tres momentos de la vida y del país parecen contarse desde los parlantes.

Las Pelotas ha crecido, ha cambiado, ha podido ser la misma banda dando un giro sobre sí misma sin perder esa esencia que no es solo una pose; es un sonido, una construcción compositiva y una fuerza que va más allá de la escena.

“Si supiera”, inicia la ola de ovación. A ella le sigue ese clásico infaltable “Cuando podrás amar”, en una versión cada vez más acústica que termina en explosión cuando inicia los acordes de “Será”.

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“Este tema va dedicado a un gran hijo de puta que se llamó Luciano Benjamín Menéndez. Para vos, hijo de puta”, dijo Daffuncchio antes de comenzar con “El rey de los divinos”, un tema del disco Esperando el milagro (2003) que no suele tener lugar en el repertorio en vivo de la banda.

Colores y dibujos luminosos aparecen desde el fondo del escenario. Nuevamente, la puesta en escena del show es impecable.

La lista continúa con Gabriel Dahbar de invitado para “Hola qué tal” y “Día feliz”. El amigo de la banda aparece en cada presentación emulando una fuerza heredada de Sokol que sobrevuela en cada concierto de Las Pelotas.

“Esperando el milagro”, inicia un pogo sofocado desde el principio. “Ha sido un placer siempre, como toda la vida”, dice Daffuncchio feliz antes de despedirse con la tan bonita como intensa “Brindando por nada”.

La vuelta para el primer bis llega con “Hasta el fondo del río”, ese relato apocalíptico y ácido del último disco de Las Pelotas. Sigue “Escondido bajo el brazo”, una de las canciones que se convirtió en un clásico para la banda. Segundo final.

El segundo bis ahora es rockeadísimo con “Bombachitas rosas” y “Shine”. Entrega de púas y palillos, parecía el fin. Pero en los tiempos que corren, los peloteros saben que es imposible que no se escuchara “Capitan América”.

“Quieren escuchar un tema más, ¿no?”, dijo Daffuncchio que llegó corriendo al micrófono. “Gracias a todas y a todos. Este tema, dedicado a Donald Trump”.

Así terminó una noche hermosa, lavada después de tantas lluvias, necesaria después de tantas malas noticias. La desconcentración fue al grito unánime del hit del verano que ahora se canta también en otoño y seguramente seguirá primero en el ranking en el invierno.

“Mauricio Macri la puta que te parió" fue el grito general. Dos horas antes, cuando todavía faltaba para el comienzo del recital, se desató una guerra de bidones de agua entre la Policía y un grupo que quería ingresar al campo, pero no pasó a mayores.

La banda se tomará unos meses para componer y cranear nuevo álbum. El sábado, por lo pronto, terminaban una nueva y excepcional jornada. Fue la despedida de Brindando por nada, es el comienzo de un nuevo disco y la esperanza de más canciones, de buenas canciones. Shine, shine, shine.

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