Conciertos

Al Di Meola pasó por Buenos Aires y llenó el aire de jazz fusión

El músico estadounidense embelesó a un teatro Opera rendido a sus pies. Preciosismo, búsqueda y, sobre todo, mucha música de la buena.

foto: Sebastián Penna
foto: Sebastián Penna

Durante más de dos horas y media se extendió el concierto de Al Di Meola en el teatro Ópera Orbis. Pero los feligreses que se acercaron hasta el lugar en ningún momento sintieron el peso de tantas notas sobrevolando la sala. Alcanzó con una puesta sobria y la presencia de tres músicos sobre el escenario para que platea y pullman caigan rendidos ante el arte de un músico que supo reversionar a Piazzolla y a los Beatles, como para empezar a contar.

Entre fines de los años 70 y principios de los 80, Di Meola se caracterizó por un jazz fusión que nunca abandonó pero que fue remodelando (y adaptando a un tiempo en que la fusión se reconfiguró) hasta lo que es hoy: un género múltiple parte de una posmodernidad abierta a todo cruce. 

En este caso, el show que lo trajo esta vez a Buenos Aires estuvo cruzado por la pasión interpretativa, por punteos calientes y rasgueos de guitarra potentes y al hueso. 

foto: Sebastián Penna
foto: Sebastián Penna

A lo largo de temazos como Azzurra, Ava´s Dream Sequence Lullaby (dedicada a su esposa e hija) o la super tanguera Milonga Noctiva (uno de sus muchos links con el 2x4), así como de algunos de los tracks que formaron parte de su homenaje a Astor Piazzola, el guitarrista se completó en su recital con el extraordinario pianista cubano Kemuel Roig y el acordeonista Fausto Beccalossi.

Pero quizá, más allá de que su obra es parte fundamental del cruce jazz-flamenco, el pop fue el que se llevó algunos de los momentos más ruidosos si de aplausos se trata. Because y She´s Leaving Home, ambos clásicos inoxidables de los Beatles, fueron los ejemplos a mano para demostrar que a veces un cover puede hacer trastabillar el favoritismo por las versiones origjnales de los cuatro de Liverpool.

Pero el cierre fue el que les dio a los que colmaron el teatro lo que habían ido a buscar: el hitazo. Mediterranean Sundance fue el postre de un banquete que se prolongó hasta bien entrada la noche. La canción que inmortalizó junto a Paco de Lucía. La ovación final, de pie, llevó al intérprete a prometer una próxima visita. Luego, a modo de bonus track, y en un gesto poco usual para un consagrado de semejante calibre, el bueno de Al se instaló en el hall del Ópera para firmar CDs a quien los comprara en la mesa ubicada para la ocasión.

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