Diez años atrás, la psicóloga Silvana Perl fundó un taller de tango en el Hospital Borda. Un espacio abierto para recuperar, a través del abrazo tanguero, el movimiento vital y la comunicación con el otro. Desde luego, el taller fue la primera piedra: poco después, umpulsada por la propia Perl y el médico psiquiatra Guillermo Hönig, llegó la idea del festival. “El festival nació con el objetivo de crear un camino de contacto entre los internos y la sociedad, que revirtiera el ostracismo en el que se encontraban los habitantes del hospital –explica Perl-. Nació con la idea de que los pacientes puedan salir a bailar con cualquiera y se arme la milonga. Todos bailan: enfermeros, médicos, administrativos, cantantes, bailarines, alumnos y alumnas de nuestras clases. El intento de una milonga en el hospital es un escenario excepcional comparado con la mustia rutina de la internación”.

Con la conducción de Omar Viola -el mítico fundador del Parakultural-, a lo largo de estos diez años el Festival de Tango ha recibido tanto a grandes bailarines y DJ’s del palo, como a músicos de la talla de Omar Giammarco o Dolores Solá. Justamente Solá, cantante de La Chicana, se encargó este año tanto de la curaduría del Festival como de buena parte de su difusión. Así, esta décima entrega logrará reunir a algunos de los artistas más vitales de la canción urbana alternativa: desde el Conjunto Falopa y su fogón anarco-peronista hasta la gran Lidia Borda, pasando por la Babel Orkesta y La Chicana junto a invitados como Pablo Dacal y Alfredo Piro. Una forma de ubicar al tango en un sitio de militancia cultural que, durante años, parecía patrimonio del rock. “Quizá se acerca a la dimensión que debe tener el tango como espejo de nuestra identidad como pueblo –dice Solá-. Es muy fuerte ‘el lado oscuro del tango’, con sus antros turísticos y en dólares, postales muertas a imagen y semejanza del deseo del peor turismo, el que no quiere el alma de la cultura de un pueblo sino su vacua forma, para digerir rápido, atragantado con un bife de chorizo y fotos con un falso Maradona en Caminito. Pero también está lleno de pibes que tocan, cantan, componen y bailan y participan de cuanto festival a benéfico los convoca… y eso es hermoso”.

Desde las 10 de la mañana y en el hall del edificio, este miércoles 10 de octubre comienzan las actividades del festival. Una edición especial donde la consigna “En Defensa del Hospital Público” -después del intento de desalojo y el gran nivel de desabastecimiento- cobra una relevancia extraordinaria. “Las necesidades principales es que cejen los avances prepotentes e ilegales del Gobierno de la Ciudad para comenzar las obras de construcción del Centro Cívico -apunta la Licenciada Perl-. Existen muchas razones jurídicas legales y otras de índole políticas para rechazar este proyecto de copar ciertas áreas del hospital para levantar sus oficinas. Nosotros ya sabemos el chiste de la oruga y el puercoespín, que luego estira sus púas y la oruga debe abandonar su casa. Por otro lado, el estado de desinversión y desabastecimiento edilicio y de recursos que padece el Borda y otros Hospitales Públicos no tiene antecedentes: pedimos por gas para todo el hospital, reparaciones fundamentales en los baños y las salas. Es necesario desactivar esta política del Gobierno de la Ciudad que consiste en matar dejando caer: un modo de vaciamiento perverso, porque pone en peligro la salud de seres humanos”.

En ese sentido, el compromiso de los artistas adquiere una dimensión casi física de la militancia: tanto estética -con el canto y el baile para los internos- como política -ocupando el espacio de desalojo-. “Este es un momento donde los trabajadores de la cultura, debemos estar más presentes que nunca, más despiertos y no permitir la degradación cultural y humana de nuestra ciudad -dice Dolores Solá-. Hay una pulseada en juego y lo que se juega es la identidad de nuestra ciudad, qué nos importa y qué no, que pasa con los débiles y los marginales en la ciudad que estamos eligiendo ser. Ya no basta con la solidaridad y la sensibilidad de siempre ante el padecimiento del enfermo psiquiátrico y su lugar en la sociedad (siempre marginado y maltratado). Este es un momento donde el arte, más que nunca, nos debe ayudar a gritar verdades y pelear por que sean reconocidas y respetadas”.