Para Christian Basso, la música no es una carrera. Es decir, su trabajo no responde a presiones de mercado ni de género: es parte del camino vital de aprendizaje. Así, aunque haya sido miembro fundador de bandas como Clap y La Portuaria, el bajista de Fricción o de Charly García, el tipo conserva un riguroso bajo perfil. Hace una década, por ejemplo, editó un disco inclasificable que desconcertó al mundo del rock. Se titulaba Profanía, y era una especie de soundtrack para un spaghetti western inédito. En la escalada final del rock de festivales, ¿dónde podía escucharse una música así? Dos años después, en lugar de reconsiderar su posición, redobló la apuesta con La Pentalpha. Un disco aún más ambicioso, que tenía tanto country y melodías griegas, como una voz de soprano y y el vuelo inesperado de la tarantela metafísica.

Casi una década más tarde –después de tocar una temporada con el Sexteto Irreal y grabar la banda sonora de la película coreana Secret sunshine-, Basso vuelve al ruedo con La música cura (Random Records). Una profundización más rioplatense de su obra solista, donde los cauces inmigratorios de comienzos del siglo XX construyen una música tan abstracta como social.

-Si bien suele repetirse que hacés world music y sos un cuidadano del mundo, el disco tiene una identidad muy regional. ¿Cómo te pensás, en ese sentido?
 A partir de una búsqueda personal en el rastreo de mis orígenes familiares (información que estaba totalmente tapada en la tradición oral de mi familia) pude reconstruir el trasiego de aquellos inmigrantes que mas temprano o tardíamente -algunas veces, mestizados con locales- terminaron conformando este ¨popurri¨cultural. Mi padre Hector Basso es músico de jazz, y yo crecí entre bambalinas escuchando ese género en estado puro, sobre todo el Dixieland y la música del Hot Club de France. Mis primeros pasos en la música fueron guiados por Rinaldo Rafanelli, un gran músico de rock, quien me entrenó en la disciplina y la seriedad del estudio musical. Por una cuestión generacional, me volqué más que nada a este genero musical (el rock) en mis comienzos.

Luego, con la formación de la Portuaria, pude comenzar a desarrollar una suerte de búsqueda lúdica en lo musical, permitiéndome el jugar con los estilos, desoyendo las sugerencias de críticos y productores, quienes decían, por ejemplo: ¨sus discos deberían ser mas homogéneos¨. Al terminar ese proyecto y al deshacerme también de una estructura de soporte comercial, di rienda suelta a mi imaginación (lo importante que es la imaginación en la música), y ya nutrido por años de carrera y de estudios renovados en lo musical (sobre todo en música clásica con el gran Maestro Klaus Cabjolski) me permití hacer un disco bastante audaz en ese momento, casi totalmente instrumental, con voces líricas tratadas de manera orquestal e instrumentaciones que incluían órganos italianos, cuerdas y variados instrumentos, como casiotones y guitarras slide.

Si, efectivamente La música cura es música rioplatense, como yo. Pero rioplatense no es solo el candombe o el tango; rioplatense también es la contradicción de la ciudad que da sus espaldas al Rio de La Plata, río que trajo a los inmigrantes, y al que tal vez era mejor no mirar de frente por traer demasiados recuerdos, quizás no tan gratos. Me gusta el recuerdo de la familia en los patios de navidad, aunque luego se peleaban todos. Me gusta la tarantella, la superposición de culturas. Lo profano. Me gustan los chinos, los africanos y limítrofes, eso es la nueva Argentina. En el disco canta Haien Qiu, una poliglota cantante china, quien me termino aportando un color en el disco que intuía que debería estar.

-El disco tiene un nombre balsámico y la música un carácter muy evocativo. Estas composiciones, ¿son fruto de qué momento anímico?
En la Italia del Sur nace la Tarantella como género, dicen que estaba prescrito médicamente para contrarrestar la picadura de la tarántula. Los picados, bailaban y así se expulsaban esos tóxicos indeseados. Los músicos tocaban alrededor del paciente hasta encontrar la música justa que funcionara como remedio. Algo de eso hay. Es una idea que vengo defendiendo hace tiempo, y en distintos estados anímicos. Como todo, hay que tener cuidado, porque la música también puede enfermar. Es un sutil equilibrio. Aristóteles dijo que la virtud es el punto medio entre el exceso y el defecto. ¡Ojo la dosis!

-El acordeón tiene un lugar muy importante en el disco. ¿Qué te seduce de ese instrumento?
El acordeón es un instrumento ¨bastardo¨, en el sentido de que no es un instrumento de la orquesta clásica, como la guitarra. Es una orquesta profana en sí mismo, permite orquestar la música en un solo ejecutante, fue ¨el¨ instrumento de los inmigrantes italianos y alemanes sobre todo. Se ha dado el caso de que hay varios temas en el acordeón en el disco, pero no es que lo prefiera a otros absolutamente. A veces los timbres toman vida propia, los músicos los hacen vivir y convivir entre ellos. Me gustan todos los instrumentos menos aquellos que se tocan solos.

-En “Viento”, Gustavo Cerati y Richard Coleman tocan unas guitarras llenas de texturas. ¿Qué significa para vos la participación de Gustavo en el disco?
En pleno momento de composición del material de La música cura me surgió la idea de invitarlos a los 3 a tocar. Grabé varias temas de los que solo quedo ¨Viento¨en el disco. Los otros son outakes que quizás en algún momento vean la luz. Al proponerle a Gustavo grabar, el aceptó inmediatamente, fuimos a su studio, y él mismo haciendo de técnico grabó los tracks de guitarras que se escuchan. El tema es un tema cantado, cuya letra tiene relación indirecta con lo que él está viviendo. Agradezco sentidamente a todos los músicos que participaron en el disco.