Como en los años ‘20, durante la última década una generación de cantantes uruguayas se fue acercando al tango para reorganizar la canción urbana del Río de La Plata. Con enfoques diferentes, mujeres como Malena Muyala, Mónica Navarro, Francis Andreu y Maia Castro fueron capaces de articular esa tradición para hablar en tiempo presente. “Tenemos muchísimas afinidades, nos respetamos como artistas y en algunos casos hasta tenemos relación de amistad –explica Maia-. Pero si bien todas hacemos tango, tenemos estilos muy marcados y personales”.

En el caso de Maia Castro, hablamos de una muchacha formada entre las radios AM del tango y los folclores, los carnavales y la revelación subterránea del rock. Una cantante tan sensible como temperamental que, aconsejada por Fernando Cabrera, armó su trinchera alrededor del tango. Construyendo un repertorio donde –sabiamente- conviven sus propias composiciones con standards y algunas piezas de artistas contemporáneos como Lisandro Aristimuño, Santullo, El Príncipe, NTVG o el propio Cabrera. Como si, a fin de cuentas y pese al flujo constante de músicas a lo largo de nuestra historia, el tango fuera la fuerza centrífuga en esta parte del mundo.

De saltos y otros vientos, el disco que presenta este jueves 28 en Salta y Resto, profundiza la búsqueda de un lenguaje propio. En este caso con su propio ensamble acústico, la producción de Federico Lima -el artista más y mejor conocido como Socio- y hasta algunas pizcas de hip-hop ciudadano. Sobre todo, se trata de un trabajo con un sitio central para sus propias composiciones: “es parte de un proceso de maduración –dice Maia-. Siempre compuse canciones, desde niña. El paso fundamental fue empezar a confiar en ellas y darles su lugar en mi repertorio. Todos los compositores que elijo para interpretar son de un nivel muy elevado, por tanto mis canciones tienen que estar a ese nivel sino difícilmente las incluya. Por ser mías no quiere decir que sean buenas: pasan por un filtro bastante exigente antes de que las muestre al productor o los músicos. Para éste último disco surgieron muchas canciones, de las cuales sólo seis fueron al disco".

-El principal aliado para este disco es Socio (Federico Lima). ¿Por dónde pasó su aporte a este proyecto? ¿Qué significó para vos ese apoyo?
-Su aporte fue fundamental desde el proceso de composición, porque fue la persona en quién me apoyé cuando empezaron a surgir las canciones. Fue quién me estimuló para que siguiera por la senda de la composición y confiara en mis canciones. Por otro lado, en el momento de empezar a hacer los arreglos para el disco y ensayar las canciones, el aporte de una persona ajena a la banda -pero cercana por cuestiones de amistad- fue muy rico. Un ejemplo claro es la utilización de la batería en casi todos los temas del disco, lo cual fue una idea de Fede y algo muy positivo para el sonido final que logramos. Grabamos como se grababan los discos antes: tocando todos juntos y yo cantando en vivo. Hubo muy poca edición, porque la idea de Fede y mía fue hacer un disco crudo y que lograra transmitir la energía del toque en vivo. Para eso tuvimos un proceso largo de seis meses de ensayo y llegamos al resultado que Fede y yo buscábamos; un disco crudo, fuerte y sensible a la vez.

-La contemporaneidad de tu acercamiento al tango viene tanto de los arreglos y tus canciones, como de los artistas que elegís versionar (Santullo, Cabrera, El Príncipe, Lisandro Aristimuño, NTVG). ¿Qué tiene que tener una canción para sumarla a tu repertorio?
-Tiene que tener una letra profunda, que diga cosas de una manera poética y una melodía que me conmueva. Muchas de las versiones de canciones que vienen del pop o del rock y que fueron llevadas al tango o la milonga surgieron como parte de un juego. Son canciones que por su letra o por su melodía encuentran un vínculo con éstos estilos musicales, nunca forzaría una canción que no tuviera en su esencia esa raíz. Por ejemplo, el baterista de mi banda es el ex-baterista de NTVG, entonces cuando surgió la idea de hacer una versión tanguera de "Al vacío" lo consulté. Su respuesta al instante fue: “es que con Emiliano siempre dijimos que 'Al vacío' es un tango”.

-En tu caso, ¿de dónde viene la relación con el tango y la canción urbana del Río de la Plata?
-Primero viene de mi infancia por escuchar la música de mis padres y abuelos. Luego, ya en la adolescencia y cuando empecé a elegir la música que quería escuchar, el tango siempre estuvo presente... así como la música de Zitarrosa y Fernando Cabrera. En el primer proyecto musical que armé cantaba el tango "Nostalgias" y otras canciones por fuera del repertorio tanguero. Un día, cantando en un bar montevideano, tuve la suerte de que me escuchara Fernando Cabrera. Cuando terminamos me comentó que le había gustado mucho mi forma de cantar “Nostalgias”, que siguiera por el camino del tango porque tenía una forma muy personal de interpretarlo. Ese comentario fue un estímulo importantísimo para que luego decidiera emprender un proyecto más vinculado al tango y el folclore, pues considero a Cabrera uno de los referentes más importantes de la música.

-¿Cómo entendiste qué era tu mejor vehículo para expresarte?
-La música siempre estuvo presente en mi vida. Aprendí a hablar y cantar casi al mismo tiempo porque mis padres me estimularon mucho con eso. Fue algo que se dio naturalmente: el canto es algo que necesito, es una cuestión vital. Estuve vinculada en muchos proyectos musicales donde no era yo quién elegía el repertorio. A los 15 años empecé a hacer carnaval con la Antimurga BCG, luego con La Mojigata, canté en bandas de rock, pop, blues, etc. Pero cuando decidí armar un proyecto personal y estar al frente de él, las canciones que seleccioné para cantar eran en su mayoría tangos y música folclórica. No fue parte de una toma de conciencia respecto al tango como vehículo, sino que simplemente es la música que siento propia y con la cual me identifico para poder interpretarla. Al mismo tiempo, cuando hago una canción, el tango y el folclore son la matriz que las imprime.