Una de los grandes postales fundacionales del rock argentino, tiene como protagonista a Pajarito Zaguri. Allí está subido a la caja de una camioneta junto al resto de Los Beatniks, promocionando su primer single para los transeúntes que accidentalmente caminaban por la Buenos Aires de 1966. No es una canción más: hablamos de “Rebelde”, el mojón histórico que marca el comienzo. El primer emergente de la movida de La Cueva que logró dar el paso y alcanzó a grabar sus canciones por fuera de las maquinaciones de la Escala Musical.

Por supuesto, Alberto Ramón García (según su documento) era uno de los jóvenes alcanzado por la primera onda expansiva del rock & roll. A mediados de los ’50, el estreno de Semilla de Maldad, los sacudones de Elvis y los primeros intentos locales de Eddie Pequenino fueron definitivos para su historia. Dispuesto a alcanzar la fama hizo algunas pruebas para el Club del Clan y, después de sumergirse en el caldo de cultivo de La Cueva, se decidió a fundar una banda junto a su amigo Mauricio Birabent (Moris) y dos músicos de jazz habitues del reducto: Antonio Pérez Estévez y Jorge Navarro.

Los Beatniks no eran una traducción al castellano de un hit americano o británico; no eran una esquirla más del boom del folklore y tampoco era tango; no había rastros de boleros, ni tampoco de piezas melódicas para el goce de las parejitas en los carnavales. Los Beatniks era la primera aparición en la superficie del verdadero underground. En “Rebelde”, aquel primer y único single, estaban las dos rupturas fundamentales de la contracultura, esbozadas a los gritos y elementalmente: en primer lugar, con la sociedad conservadora (‘la tradición’), pero también con la insurrección armada: “Rebelde me llama la gente / Rebelde es mi corazón, / Soy libre y quieren hacerme / Esclavo de una tradición. / ¡Cambien las armas por el amor / y haremos un mundo mejor!”

Esa misma impronta iba a tener "Alza la voz", la canción de La Barra de Chocolate que ganó el Festival de la Música Beat a fines de los ’60. Una banda con la que Pájaro lograría grabar su primer LP, homenajear los primeros días del rock local y obtener un cierto éxito (algunos registros aseguran que vendieron cuarenta mil copias de ese single) para trascender el guetto. Sin embargo, fue una experiencia breve: para 1971, La Barra de Chocolate también era historia. A partir de allí, Pajarito comenzó a frecuentar el circuito del blues conurbano y atravesó una serie de proyectos efímeros como Piel de Pueblo, Rockal y La Cría y hasta La Murga, su primera banda de respaldo como solista. Cuando la dictadura estaba en la puerta de nuestra historia, llegó la Blues Banda junto a León Vanella y Conejo Jolivet (guitarras), Néstor Vetere (bajo), Marcelo Pucci (batería) y Ciro Fogliatta (teclados) y hasta un intento de regreso a las primeras filas durante 1981.

Luego, las noticias sobre Pájaro se hicieron más subterráneas. Dejado a un lado por la cultura oficial y la industria discográfica, Zaguri profundizó su bohemia empedernida y llevó el naufragio cuevero como estandarte hasta sus últimos días. Así, vinieron discos como El rey criollo del rock and roll (1984), En el 2000... también (1994), El mago de los vagos (2006), la celebración de Sexogenario (2009) y hasta una larga entrevista de Boom Boom Kid que lo reivindicó en las páginas de Rolling Stone.

Murió este lunes 22 de abril, a los 71 años.