“Los ejes de mi carreta”, por Roberto Goyeneche. 
En la edad dorada del tango urbano y cosmopolita, Edmundo Rivero siempre transitó el puente originario que esa música tendía el campo. No casualmente uno de sus temas de batalla fue su interpretación de “Sur” y la obra pampeana de Manzi. En ese sentido, la milonga era el vehículo principal y “Los ejes de mi carreta” su arquetipo. El Polaco Goyeneche, heredero de esa corona, sumó la perla de Yupanqui a su propio repertorio hasta su muerte.

“Piedra y camino”, por Roxana Amed.
En su flamante disco Inocencia, la cantante recorrió el repertorio folklórico argentino en clave jazzística. A la hora de meterse con Yupanqui eligió “Piedra y camino”, con arreglos del pianista Guillermo Klein y un sexteto notable: Carto Brandán (batería), Fernando Galimany (contrabajo), Claudio Iuliano (guitarra eléctrica), Richard Nant (flugelhorn), Ricardo Cavalli (clarinete) y el propio Klein al piano.

“El árbol que tu olvidaste”, por Pablo Dacal.
Hace sólo un par de años, el cancionista de Almagro grabó esta brillante versión para un disco editado con la revista El Niño Stanton. Acompañado por el trío Voladores, su lectura de Yupanqui es absolutamente moderna y vital sin esforzarse por la vanguardia. Su mérito, además del abordaje musical, es tomar la obra de Yupanqui sin solemnidad: como si esta canción sobre los dolores del exilio hubiera sido compuesta ayer nomás.

“Los hermanos”, por Diego El Cigala (con Juanjo Domínguez y Andrés Calamaro).
El gran cantaor flamenco pisó Buenos Aires dispuesto a hacer su propia lectura del tango. A rastrear el origen común de estos dos primos distanciados. Convocó a Andrés Calamaro y a Juanjo Dominguez y, una de las piezas inesperadas, fue esta milonga de Yupanqui. Una forma de celebrar la reunión de estos hermanos de música y palabras.

“El arriero”, por Divididos.
Como cuenta Ricardo Mollo, esta versión de “El arriero” apareció durante un ensayo como una revelación. El trío estaba zapando un hard-blues a la Led Zeppelin cuando, al momento de acercarse al micrófono, se encontró cantando las estrofas de Yupanqui. Grabada en La era de la boludez, el crossover alcanzó a toda una generación de muchachos que acaso no sabían del gran Atahualpa.