“La hora”, la canción que funciona como apertura de Sangre buena, parece el resultado de una iluminación personal. Una epifanía a bordo del charango y algunos versos limpios: “llegó la hora de dejarse llevar / llegó la hora de dejar de pensar. / Se que ya es tiempo de sentarse a esperar / dejar que el viento te transporte hasta acá”. No es casual. El quinto disco de Mariana Baraj fue concebido en una temporada de verdadera renovación: “todo el proceso de la composición estuvo ligado a cambios personales y fue compuesto en su gran mayoría en la provincia de Salta, mi lugar de residencia desde hace dos años –dice Mariana-. Muchas de las canciones describen paisajes y personajes del norte o hablan de las distintas creencias que conviven allí”.

La población de Sangre buena, en efecto, tiene raíces en el noroeste. No sólo porque abundan los gatos, zambas y huaynos, sino porque las canciones están habitadas por pastores bolivianos, escobas de pichana y paisajes de Angastaco. Sin embargo, el paisaje musical tiene su conexión urbana. Tanto su ensamble –Lucio Baduini y Javier Matanó en guitarras, Francisco Arancibia en bajo, la propia Mariana en percusión-, como los vientos invitados -entre ellos Bernardo Baraj, su propio padre- y algunos arreglos, ponen a Sangre buena en el contexto de un nuevo pop latinoamericano. En ese mapa, las voces del Chaqueño Palavecino y Fito Páez -los dos grandes convidados- parecen adquirir otras dimensiones.

-“Buen agüero” parece quedarle como traje a medida a Fito Páez. ¿Cómo fue concebida esa colaboración?
-También la canción tenía el aire folklórico que respira Fito y la colaboración se dio a raíz de un encuentro donde fui a cantar de invitada e hicimos una versión de "Yo vengo a ofrecer mi corazón" con piano, voces y bombo legüero en el Teatro Provincial de Salta. Es un músico fundamental en mi vida porque es un gran referente y tiene mucho que ver con mi formación musical.

-El Chaqueño Palavecino, por otro lado, suele ser el blanco de la parte más –digamos- intelectual del folclore. ¿Cómo se produjo tu encuentro con él?
-La canción fue compuesta para que el color e impronta de su voz tan particular estén presentes en el disco. Fue muy bueno el encuentro, estoy feliz y agradecida por su buena predisposición para ser parte de este disco. El Chaqueño y su grupo dan cátedra de folklore y me siento muy afín con su concepto artístico. También participan en violín y arreglos Daniel Villa y Carlos Ibañez en guitarra, ambos músicos salteños que producen y tocan con el Chaqueño.

-Esta vez el acento está menos puesto en la percusionista que en la cantante e incluso la compositora. ¿Por qué?
-Todas las canciones fueron compuestas con guitarra, charango o piano y a partir de esas ideas sobre instrumentos armónicos se construyó el resto. Para mi es inevitable partir de ideas rítmicas o de ritmos folklóricos. Aunque luego se transformen, la raíz siempre está presente y, en este caso, hay más percusiones grabadas que en otros discos.

-Si bien utilizás géneros antiguos y rurales (gato, zamba, huaino, etc.), el disco suena urbano y contemporáneo. ¿Es una decisión o una fatalidad?
-Hay una idea que es el eje del concepto que me interesa abordar, pero luego se produce una decantación que es natural, trabajar con los opuestos y el diálogo entre distintos géneros como también la convivencia de instrumentos que aporten sonoridades acústicas, eléctricas y hasta no tan propias del folklore.

-¿Cuál es el plan para el concierto del sábado en el Samsung Studio?
-Voy a estar tocando todas las canciones de Sangre buena y haciendo un repaso de las canciones que se fueron quedando conmigo de los discos anteriores junto a Javier Mattanó y Juan de Benedictis en guitarra, Paco Arancibia en bajo y Diego Arcaute en batería.

-¿Qué tiene que suceder para que te bajes satisfecha del escenario?
-Me bajo del escenario satisfecha cuando logro que haya una construcción de un clima que sea lo suficientemente contundente como para atravesar al público y generar un movimiento en quien esté escuchando. A través de la música, siempre intento devolver algo de lo que ella me da.