La actriz y comediante Hannah Einbinder, conocida por la serie Hacks, aprovechó su paso por el Festival de Cannes para reafirmar públicamente su activismo en favor de Palestina y dejar claro que no teme represalias de la industria por su postura. En una charla del ciclo Kering Women in Motion, la intérprete subrayó que su prioridad son los derechos humanos y sostuvo que el costo de guardar silencio frente al conflicto es mucho mayor que cualquier eventual daño a su carrera.
10 films fundamentales sobre la dictadura cívico militar
Einbinder se enmarcó en una tradición de artistas judíos aliados de la causa palestina y expresó su apoyo a colegas que atravesaron consecuencias por posicionarse, como Melissa Barrera y Susan Sarandon. Incluso se mostró entusiasmada con la idea de sumarse a un proyecto conjunto con figuras pro-palestinas como Javier Bardem y Mark Ruffalo, al que definió, en tono de broma, como una hipotética “road movie” con elenco militante. “Ninguna carrera vale más que una vida humana”, remarcó, como síntesis de su compromiso.
Einbinder también llegó a la Croisette para presentar el estreno mundial de Teenage Sex and Death at Camp Miasma, slasher queer dirigido por Jane Schoenbrun que se proyectó en la sección Un Certain Regard y recibió una ovación de seis minutos. En el film comparte pantalla con Gillian Anderson y aborda temas vinculados a sexualidad, género e identidad, consolidando su perfil dentro de un cine de tono independiente y ligado a debates contemporáneos.
Radiohead estrena su película con música de sus dos grandes discos del siglo XXI
La actriz atraviesa, además, un momento de transición en televisión tras el final de Hacks, la serie que la catapultó a la fama. Consultada sobre el cierre del programa, definió el proceso con la palabra “dolor” y reconoció que aún vive un duelo creativo por dejar atrás a Ava, su personaje emblemático. Ese contrapunto entre el éxito profesional, la militancia política y la despedida de un trabajo clave sintetiza el presente de Einbinder: una artista que, en pleno Cannes, decidió poner la ética por encima del cálculo de conveniencia.