Brasil celebra este domingo 25 de octubre el balotaje presidencial entre el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Los centros de votación abrieron a las 8, hora local, y permanecerán habilitados hasta las 17, en una jornada decisiva para el rumbo político y económico del país.
Las últimas encuestas publicadas antes de la votación mostraban un empate técnico entre ambos candidatos, por lo que el resultado se presenta como incierto. La disputa enfrenta la propuesta de continuidad de Lula con la alternativa de derecha encabezada por Flávio Bolsonaro, en un contexto marcado por la inseguridad, el costo de vida y la polarización política.
El resultado también tendrá repercusiones regionales, ya que Brasil es una de las principales economías de América Latina y su orientación política puede influir en el equilibrio entre los gobiernos de izquierda y derecha de la región.
Lula busca un nuevo mandato tras quedar segundo en la primera vuelta
Lula, que aspira a obtener su cuarto mandato presidencial en total, afronta una elección decisiva después de haber quedado en segundo lugar en la primera vuelta, por detrás de Flávio Bolsonaro. El actual presidente cumplirá 81 años la próxima semana y busca prolongar su proyecto político con una agenda centrada en la protección social.
Durante la campaña, el mandatario se presentó como una barrera frente a la injerencia estadounidense y al retroceso democrático. También defendió los programas de asistencia social que caracterizaron sus gobiernos y que, según sus partidarios, permitieron mejorar las condiciones de vida de millones de brasileños.
Su gestión registró una reducción de la inflación y el desempleo, además de avances en la lucha contra el hambre. Sin embargo, el encarecimiento del costo de vida y la preocupación por la delincuencia se convirtieron en factores de desgaste entre los votantes.
Tras el resultado adverso de la primera vuelta, los sectores de izquierda intensificaron la movilización en las calles con manifestaciones bajo el lema "¡Bolsonaro, nunca más!". Durante esas protestas, los participantes cuestionaron la gestión del expresidente Jair Bolsonaro durante la pandemia de covid, los daños a la Amazonía y los recortes en programas públicos.
Flávio Bolsonaro propone combatir el delito y reducir el gasto público
Con 45 años, Flávio Bolsonaro se presentó como una alternativa de cambio frente al actual gobierno. Su propuesta combina un discurso de mano dura contra la delincuencia con la promesa de reducir drásticamente el gasto público.
El senador también buscó proyectar una imagen más moderada que la de su padre, Jair Bolsonaro, cuya retórica confrontativa marcó la política brasileña durante su presidencia.
Uno de los principales compromisos de Flávio es liberar a su padre si resulta electo. El expresidente cumple una condena de 27 años bajo arresto domiciliario por su participación en un intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022.
La figura de Jair Bolsonaro continúa generando una profunda división en el país y se convirtió en uno de los ejes de la campaña de su hijo. Además, Flávio anticipó que buscará la destitución del juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes, quien encabezó el proceso judicial contra el exmandatario.
Los programas sociales y el costo de vida dividen a los votantes
La política de asistencia social fue otro de los temas centrales de la campaña. Lula defendió la ampliación de los programas destinados a los sectores más vulnerables, mientras que sus críticos reclamaron mayor control del gasto público.
Para parte del electorado, estas ayudas representan una herramienta fundamental para garantizar el acceso a los alimentos y reducir la pobreza. Walter dos Santos, de 56 años, residente del noreste brasileño, una región históricamente favorable a Lula, defendió la continuidad de esos beneficios.
"Aunque algunos lo llamen 'regalos', para nosotros supuso una ayuda enorme", afirmó. Y agregó: "Porque cualquiera que haya pasado hambre sabe que no se puede dar por sentado el acceso a estos programas".
La discusión refleja uno de los principales dilemas de la elección: mantener las políticas sociales que respaldan a una parte importante del electorado o priorizar una reducción del gasto estatal, como propone Flávio Bolsonaro.
Al mismo tiempo, el costo de vida y la inseguridad aparecen entre las preocupaciones que atraviesan a los votantes y condicionan la evaluación de la gestión del actual presidente.
La Amazonía y el cambio climático quedaron relegados en la campaña
La cuestión ambiental tuvo una presencia limitada durante la campaña electoral, pese a la importancia de la Amazonía para Brasil y para el equilibrio climático mundial.
Durante el gobierno de Lula, la deforestación de la mayor selva tropical del planeta alcanzó su nivel más bajo en cuatro décadas, según los datos citados en el informe de campaña.
Sin embargo, el fenómeno de El Niño favoreció incendios que, durante las últimas semanas, cubrieron de humo distintas ciudades amazónicas. A pesar de esa situación, el cambio climático no ocupó un lugar central en el debate entre los candidatos.
La discusión ambiental quedó así relegada frente a otros asuntos que dominaron la contienda, como la seguridad, la economía doméstica, la asistencia social y el futuro de las instituciones brasileñas.
Las redes sociales se convirtieron en otro campo de batalla electoral
Después del resultado de la primera vuelta, Lula modificó su estrategia de comunicación digital y comenzó a recurrir con mayor frecuencia a videos grabados en formato selfie. La campaña también intensificó su actividad en las redes sociales, en un intento por recuperar terreno frente a su rival.
En ese escenario, la empresa Meta, matriz de WhatsApp, Facebook e Instagram, quedó en el centro de una controversia. El equipo de Lula acusó a la compañía de favorecer a Flávio Bolsonaro mediante una supuesta "manipulación algorítmica".
Meta negó esa acusación, aunque reconoció que algunos anuncios de la campaña del actual presidente habían sido desactivados por error debido a fallos técnicos.
La disputa digital reflejó la importancia de las plataformas sociales en una elección altamente polarizada, en la que ambos espacios políticos buscaron consolidar apoyos y captar a los votantes indecisos.