OÍR MORTALES | Jazz | Roxana Amed | Todos los fuegos

Entrevista a Roxana Amed por su nuevo gran disco de jazz (y rock)

La cantante y compositora residente en EEUU viajó a Buenos Aires para presentar ante la prensa "Todos los fuegos", su enorme homenaje a Charly García, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez y Gustavo Cerati. Infonews dialogó con ella.

Foto: gentileza prensa
Foto: gentileza prensa

Roxana Amed está entusiasmada con su nuevo disco y se nota. La notable cantante, que hace más de una década se fue a vivir a Estados Unidos, pasó por Buenos Aires para presentar y hablar sobre Todos los fuegos, el disc(az)o que acaba de lanzar y en el que, desde el jazz, versiona canciones del universo rock argentino, en lo puntual de cuatro artistas: Charly García, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati y Fito Páez.

El entusiasmo a la artista se le nota en la forma en que habla de la grabación, o cuando en diálogo con Infonews tararea algunas de las versiones que registró. Y, también, cuando sobre el escenario del club de jazz Bebop protagonizó, días después de esta entrevista, una escucha de canciones del disco en la que desbordó anécdotas y amorosidad para con su nueva obra y, sobre todo, para con los artistas a los que homenajeó.

“Antes de morirme quiero hacer un disco de rock argentino”, cuenta Roxana Amed que le dijo hace unos meses a Leo Genovese, brillante pianista argentino que, entre otros ítems de su curriculum tiene el de haber tocado con la banda estadounidense de culto The Mars Volta.

"Hay que hacer las cosas ahora, que hay todavía voz, que hay cabeza, que hay energía para hacerlo, que está el impulso”, acota la artista.

El título de este capítulo en la vida de Amed podría ser “Me agarró desprevenida el recuerdo”, que es la forma en la que tiene registrado el momento del germen de Todos los fuegos.

Dice Amed: “Yo coqueteé con el rock muchas veces. Grabé una versión de Durazno sangrando en mi primer disco (Limbo, 2008), que fue muy  importante para mí. Después hicimos con (el notable bajista) Guillermo Badalá en Miami una versión de Cactus porque yo quería conocer más de Gustavo Cerati. Con Lito Vitale cuando me invitó a uno de sus programas televisivos un par de veces hice Cinema Verité y Dejaste ver tu corazón, que están en este disco”.

“Y yo puedo observar tranquilo”, canta Amed en Cinema verité, de Charly García. Ella, como Mercedes Sosa, elige cantar en una primera persona singular que respeta la de la letra original.

Algo similar ocurre en Ciudad de pobres corazones, de Fito Páez. “No me verás arrodillado”, brama en la versión muy rocker que encara la cantante en un disco atravesado por un jazz libre y juguetón con causa.

“Lo que pasa es que Ciudad de pobres corazones es una historia documentadamente personal. Sentí que le estaba sacando algo de su historia personal. Yo no quiero decir que todos estábamos en una puta ciudad, loco. No, no estábamos. Era su puta ciudad. Y al que no verán arrodillado es a él. Entonces esa ni la dudé”, argumenta.

En otros casos, como el de Verbo carne, de Gustavo Cerati, la elección fue otra. “Muchas veces la historia es universal. “Sé que estoy falta de fe”, interpreta y, cambiando el género, declara en la canción que Cerati grabó originalmente en Bocanada (1999).

A Fito Páez le gustó la versión de Ciudad de pobres corazones. El dato le llegó a Amed de parte de una amiga en común que le envió el track. “Amó la versión”, cuenta la artista, que en un principio dudaba del resultado final porque, dice, “le había cagado el riff”, en relación al riff de guitarra en furioso Fa sostenido que en Todos los fuegos aparece ejecutado por un bajo gordo y todopoderoso. 

“Le encantó”, resume, satisfecha, además, porque en su versión logró hacer un giro al rock si quedar fuera de eje. “No quería convertirme en una caricatura haciéndome la cantante de rock, que es algo que no soy. Fue un desafío para mí encontrarle una aspereza a la forma de cantar pero que no me sacara tanto del jazz”. Y lo logró.

Siempre Charly

Roxana Amed llegó al rock nacional en los comienzos de su historia, siendo muy chica y “gracias a novios músicos y a los hermanos de amigas”, revela en plan autobiografía, con imágenes de aquellos años en los que las novedades discográficas estaban bastante más lejos que a un par de clicks de distancia.

Un día llegó Charly García a sus oídos y las cosas no volvieron a ser las mismas.

“Yo escuchaba a Charly cuando era chica. Los novios que tenía eran todos fanáticos, muchos pianistas alrededor”, rememora.

Infonews: —Es fácil pensarte transcribiendo la música cuando escuchabas las canciones…

Roxana Amed: —Claro, eso no te lo enseñaba nadie. Yo de chica estudiaba música clásica, pero después cantaba música popular, porque si no me daba la cabeza contra la pared. Muchas veces siento que no colaboro tanto con músicas mujeres como me gustaría porque me pasa que los hombres fueron mis principales dealers de música. Estaban unos pasos adelante en salir a cazar discos. 

“Yo tocaba el piano y hacía música clásica, cantaba en coros y ensambles, pero yo la data la saqué de la música de Charly, Spinetta, en estos años Cerati, Fito… ellos formatearon la forma de pensar la música y hasta la forma de hablar de música”, reflexiona y se conmueve.

“Yo cantaba folclore con mi papá desde que tenía 4 años, o sea que ese formateo estaba ahí Pero hubo una sorpresa que me la produjo tempranamente el rock y un poco más tarde el Cuchi Leguizamón y El dúo salteño y todo eso", continúa.

Foto: gentileza prensa
Foto: gentileza prensa

"Conseguí hacer una mezcla de todo eso. Yo te paso del Cuchi a Charly García. Hace poco me pasó tocando en el Lincoln Center de Nueva York. No se siente lo extranjero en nada. Ni yo extranjera del Cuchi, ni yo extranjera de Ginastera. Es toda una fusión que creo que es lo único que el tiempo nos da de bueno a los artistas, y eso es que se pierden las raíces y se arma un árbol nuevo raro, torcido, verde, naranja, azul. Las raíces están en este disco. Hay algo importante, sí, hay algo importante”, concluye.

Autoexilio, década y después

La conversación con Roxana Amed comenzó con un intercambio sobre lo que fue y es su vida fuera de la Argentina. Su mudanza a los Estados Unidos hace más de una década por una importante oferta laboral que había recibido su esposo. “Me mudé del país. Dije ´bueno, listo, ya está, con qué voy a empezar de nuevo. ¿Con quién voy a tocar? No voy a tocar con nadie, o sea, ya está´… Y en un momento apareció el brotecito y todo volvió a empezar”, dispara para sintetizar lo que le pasó cuando pisó el país en el que nació lo que el mundo conoce como jazz.

“Cuanto más te vas, y cuanto más tarde te fuiste en la vida también, no te vas nunca. Te adaptás, te mimetizás, aprendés de todo”, cuenta.

Infonews: —Y compartís tu vida con ese lugar…

Roxana Amed: —Si el lugar te deja. Cuando hay una diferencia cultural brutal, desde la comida, hasta el idioma, no es fácil. Cuando además tenés que competir, ir a pelear por un lugar porque necesitás trabajar y pagar cuentas… Tenés que empezar a recurrir a las raíces más profundas de tu confianza. A la vez es un vértigo que te hace ir a matar. 

In: —¿Y fuiste a matar?

RA: —Estuve meses preguntándome qué hacer. Porque está la presión del “de qué vivo”. Pero para un artista están juntas las dos cosas: de qué vivo y qué soy. 

Roxana recuerda su época de estudiante de letras y la lectura de La conquista de América, del filósofo e historiador búlgaro-francés Tzvetan Todorov. “Cuando Hernán Cortés se presenta ante los aztecas lo primero que pensaron ellos que tenían que tener para enfrentarse a ese enemigo, o a ese posible conquistador, era recurrir a sus efectos mágicos. Y las plumas de Quetzal podían ser esos efectos anti-todo. Entonces, llegaron con sus plumas de Quetzal y sus trajes. Y los mataron”, recontextualiza. 

In: —A vos te fue bastante mejor que a ellos.

RA: —Yo decía: “Vengo acá con unas plumas de Quetzal que me funcionaron antes”. Pero me preguntaban “qué hacía”. Fue muy desconcertante, porque me sentí muy vulnerable en esos primeros tiempos, te diría que fue un año eterno. Luego empecé a tocar con la banda con la que toco hoy. Contacté a los mejores que encontraba y decodifiqué mi música.

“Fue desconcertante para mí ver que tenía que encontrar un nuevo traje, un nuevo discurso. Yo siempre fui muy líder de mis proyectos, la que consigue las cosas, la que les da el material a mis músicos, la que les paga, la que consigue las producciones”, completa.

In: —¿Cómo fue adaptándose tu música a ese ambiente? 

RA: —Bueno, eso fue lo mejor que pasó. Porque, por un lado, yo me di el gusto de volver a cantar jazz standards, que es la música que amo. Pero se vive con mucho cuidado la forma en la que abordás un lenguaje musical que no es el de tus orígenes. Y además estoy hablándote de hace 12 años, después vinieron la pandemia y presidentes nefastos y todo eso. Se armó una cosa de... “Ojito si te metés con mi música”.

“Yo allá llevaba el sonido en taxi y cuando venía a tocar a Buenos Aires hacíamos con (el compositor y pianista de jazz) Adrián Iaies La Ballena Azul (la gran sala del CCK, hoy rebautizado Palacio Libertad). Y la semana siguiente estaba en el piso de un bar diciendo que me faltaba un cable que yo no había llevado para tocar”, grafica.

Y agrega: “Hice un recorrido de calle de tierra con barro que me hizo llegar hasta acá, además con muchísima más preparación musical, porque me vi en la necesidad hasta de volver a explicar mi propia música. O sea: me hizo consciente de un proceso que acá lo había dado por sentado. Al poco tiempo apliqué para una maestría en la Universidad de Miami. Me dieron esa beca, me becaron para hacer la maestría, me dieron un trabajo en la universidad y ahí se acomodó todo.

Música académica clásica y contemporánea, jazz, folklore, rock. Roxana Amed atraviesa los géneros con una fluidez que hace honor a su consigna de “pasar del Cuchi a Charly como si nada”. ¿Y el tango?

RA: —El tango… el tango todavía me atraviesa pero se me queda acá—, dice, mientras se señala el medio del pecho. Y agrega: “Me daba algo parecido a un infarto… así que no. Todavía no llegué al tango”. 

Antes del cierre, la actualidad argentina se asoma desde la señal de noticias que estelariza la pantalla que cuelga de una pared en un bar de Palermo. 

In: —¿Cómo ves desde el autoexilio a la Argentina, en este nuevo escenario político?

RA: —Hay músicos que me ven y me dicen “te felicito por Milei”, y yo les respondo que el tipo es un demente. “Después hablamos, mejor toquemos”, les digo. 

Todos los fuegos -ficha técnica-

1. Salir de la melancolía (Charly García, “Peperina” Serú Girán. 1981)
2. Cinema verité (Charly García ,“Peperina” Serú Girán. 1981)
3. Asilo en tu corazón (Luis Alberto Spinetta, from “La la la” Spinetta-Páez. 1986)
4. Vida siempre (Luis Alberto Spinetta y Leo Sujatovich, “Bajo Belgrano” Spinetta Jade. 1983)
5. Corazón delator (Gustavo Cerati , “Doble Vida” Soda Stereo. 1989)
6. Ciudad de pobres corazones (Fito Páez, “Ciudad de pobres corazones”. 1987)
7. La sed verdadera (Luis Alberto Spinetta, “Artaud” Pescado Rabioso. 1973)
8. Dejaste ver tu corazón (Fito Páez, “La la la” Spinetta-Páez. 1986)
9. Verbo carne (Gustavo Cerati, “Bocanada”. 1999)
10. Diamonds (Leo Genovese y Roxana Amed. 2024)
11. La sed verdadera (alternate take) (Luis Alberto Spinetta, “Artaud” Pescado Rabioso. 1973)

Músicos: Roxana Amed: voz y letras.
Leo Genovese: piano, sintetizadores, Rhodes. Arreglos en 1, 2, 3, 4, 7,8, 10, 11.
Mark Small: saxos en 1, 2, 3, 7, 8. Clarinetes en 1, 3, 4, 9. Arreglo de Verbo Carne.
Tim Lefebvre: bajo eléctrico.
Kenny Wollesen: batería en 1, 3, 4, 5, 6, 8, 9 y 10.
Martin Bejerano: sintetizadores en 5 y 6. Arreglos de Corazón delator y Ciudad de pobres corazones.
Joseph Monticello: flauta en 1, 4 y 9.
Aaron Lebos: guitarra eléctrica en 5. Samuel Torres: percusión en 6.



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