A poco de haber invadido y dado un golpe en Venezuela, y mientras continúa la guerra contra Irán, Estados Unidos se da tiempo para mantener conversaciones secretas con integrantes del círculo íntimo de Raúl Castro. O al menos así hicieron saber en las últimas horas voces del gobierno de Donald Trump.
Washington transmitió que la situación podría derivar en un escenario similar al que enfrentó Nicolás Maduro en Venezuela si La Habana no acepta cambios profundos.
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Según trascendió, Washington busca dejar claro que no se conformará con un esquema de una "transición controlada" (según las mentes de la Casa Blanca) en la que figuras del mismo aparato continúen en el poder con ligeros retoques. La apuesta final es forzar un cambio de gobierno y, finalmente, de régimen.
La presión estadounidense se apoya, además, en el asfixiante contexto energético que vive Cuba tras el corte casi total del suministro de petróleo y derivados por parte de sus aliados tradicionales. La escasez de combustible dispara apagones prolongados, paraliza sectores productivos y agudiza el malestar ciudadano, creando un terreno más propicio para exigir concesiones al gobierno cubano.
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En paralelo, Washington explora fórmulas para condicionar eventuales acuerdos económicos y energéticos a cambios políticos de raíz. Entre los escenarios en discusión se menciona la posibilidad de que la isla pase a depender en gran medida del combustible estadounidense, un factor que reforzaría la capacidad de presión de la Casa Blanca sobre La Habana.
